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martes, 19 de enero de 2010

Apreciar y disfrutar


El pasado domingo subí al Ávila, contra las nuevas acepciones para mi sigue siendo el Cerro El Ávila...

Me atreví a ir a pesar de que tengo vértigo, y porque quería ver algo distinto.

También pensaba que sería un espacio ideal para tener un poco de paz, un sitio tranquilo para escribir... caso perdido!

El afán de ruido que tienen los caraqueños es tal que iríamos con todo gusto al Tíbet a formar una guerra de minitecas o un festival de salsa.

La gente está alienada, aturdida, confundida en su vaivén y se pierde del mejor de los espectáculos que tienen los caraqueños: El Ávila.

Aquello de observar la naturaleza, respirarla, sentirla y alegrarse uno de que eso está aquí en nuestra ciudad no es algo que valora la mayoría de la gente.

No sé por qué la gente parece tener la idea de que esparcimiento es bulla, agite. Mi papá fomentaba el disfrute de los espacios, el conocimiento, el aprendizaje, nos enseñaba que había que cuidar. Contrario a eso, los ciudadanos asumimos que disfrute es aparte del alboroto, descuidar los espacios, ensuciar, dañar las cosas, hacer ruido, que para mi también es destrozo y creo que de los más graves...

Y es que en Caracas parecen no haber espacios para disfrutar en silencio.

Y lo que observé es que nos encanta cargar con nuestra circunstancia y nuestro ajetreo adondequiera que vamos.

Apenas llegué y ya me sentía con los nervios crispados.

Yo creo que debemos desacelerarnos, y darle a cada cosa su momento y su espacio, porque de lo contrario estamos con el piloto automático, viviendo situaciones pero sin apreciar realmente la abundancia que el universo nos da cada día, cada segundo...

Es preciso bajar el ritmo, para sentirnos unificados con esa naturaleza de la que todos formamos parte...

Luisa Ravelo

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