Datos personales

viernes, 30 de julio de 2010

La Raza... mi raza...!!!


Hablar de la raza para mí, y poder descubrirlo conscientemente, ha representado un gran descubrimiento, porque te das cuenta que llevas contigo una experiencia de vida resignadamente y lo consideras tan propio que no te atreves a cuestionarlo o transformarlo porque te dices: "ah, pero es que no hay más nada que yo pueda hacer…"

Con ello aceptas la limitación porque perteneces a un grupo étnico determinado, raza negra, en mi caso; con todas las ventajas y desventajas que eso pueda tener, aprendes a lidiar con ello, muy a pesar tuyo, es lo que te tocó…

Entonces con estas creencias a cuestas, comencé mi búsqueda de transformación personal, me percaté de que he trabajado mi autoestima, he desarrollado mayor conciencia de mi misma y de mi valía en este plano, he reafirmado una y otra vez que si, soy valiosa y talentosa, inteligente... pero todo esto resultaba superficial, disimulado, porque había algo inconsciente que me decía constantemente que no, que nada de aquello era tan cierto, era como mi otra yo, haciendo mofa y riéndose de mis descubrimientos, como si me dijera: "olvídate, no te engañes!"...

Cualquier cosa que había hecho o descubierto hasta el momento, resultaron parches provisionales, porque la verdadera conciencia, y la verdadera aceptación de la raza, de mi origen, de lo que ello representa era algo más profundo y requirió otras herramientas para darle cara al asunto, ya me estaba cansando de tanto autodescubrimiento y nada revelador que me explicara por qué todavía sentía que no valía medio…

En mi familia todos somos producto de un intenso mestizaje que se centró mayormente en las etnias más desfavorecidas en la colonia: indios y negros, Así, yo soy el resultado del mestizaje entre blancos e indios, indios con negros, negros con negros, indios con indios… Es un legado ancestral de creencias que yo elegí, bajo la familia en la que nací, para aprender a tener valor por lo que soy y trascender ese tipo de limitaciones. Por supuesto, que haber crecido con ellos conllevó una fuerte carga de “no valemos porque somos pobres y además negros”, o peor aún “somos pobres porque somos negros”.

Y eso siempre tuvo su comodín… Ser negro en mi familia es un castigo, así de simple. Nadie en la familia me dijo algo halagador sobre mi persona o sobre mi color, y si lo han hecho lo he malinterpretado, no lo he aceptado, siempre he antepuesto mi malicia. Porque al hecho de ser negro se suma la condición social. Adicional a ello, siempre alguien pudo aprovecharse, y siempre tuvimos que estar alertas. Un logro aquí siempre fue visto bajo el tinte sombrío de la apatía y el ”para que”. Total “no es mucho lo que los negros pueden hacer con su educación o inteligencia porque siempre va a haber alguien que trate de aprovecharse”… Y ni hablar de sueños, porque son sólo eso, y pretensiones demasiado elevadas para una negra….”demasido camisón pa Petra”…siempre escuché… o “aunque la mona se vista de seda…”

Escribo esto porque en medio de tanto autodescubrimiento muy pocas personas se atreven a hurgar este asunto, y confieso que me quedo corta no mas contando mi experiencia o mi percepción del asunto...

Total, he sobrellevado mi dolor y mi color, porque aunque soñase mucho y desease mucho hacer las cosas distintas, eso de ser negro siempre fué una limitación para mis aspiraciones.

Entonces me encuentro que tengo conceptos como que ser negro "es una gran desgracia", "mi raza no sirve", "es inferior", "no tiene oportunidades", "no debe atreverse a ser mejor", "es un sello, una marca igual que el ganado". Esa marca, ese color de la piel, los rasgos presuponen actitudes y condiciones que se establecieron socialmente y que por supuesto asumimos como “normales”.

Entonces, cavilando el asunto, más allá de lo descubierto y lo por descubrir, son creencias que llevamos la gente morena, y son cargas muy pesadas, es un luchar contra una corriente que nunca te favorece. Es ya suficientemente duro sobrellevar la carga emocional como individuo, para encima añadirle esto...

Porque la otra cara de la moneda es haber vivido en constante frustración porque yo quería demostrar que podía ser negra y ser diferente al estigma que hay de los negros… Educada, sensible, distinta… Y no han sido pocas las ocasiones en que me encontrado diciendo: “yo no soy cualquier clase de negra”.

La realidad es que mi trabajo, mi misión dentro de este marco de circunstancia de vida, es que yo vine a concluir esa generación de esclavitud, sumisión e infravaloración de mi misma y de mi procedencia. Menudo trabajo…

Uno puede quedarse atrapado entre los dos conflictos, uno el de sentirse miserable e inferior por ser negro y el otro, el de sentirse distinto y superior a tus congéneres, pero, hasta que no estés claro(a) de que es una elección, no sales del conflicto… Yo todavía estoy en ese tránsito, la verdad…

Y muchas de las cosas que le llamamos ventaja a ser negro, es más bien un arma de supervivencia, porque te permite escudarte para no atreverte a realizar tus propósitos. Porque: “no se puede”, “no se debe”, “no se vería bien”, “es una presunción querer ser mejor”, “es una osadía hacer cosas de blancos”.

Dándole la cara a la raza

Para empezar a transformar estos conceptos, tenía que perdonar, descubrí en ese proceso una profunda ira hacia Dios, porque me sentía burlada, engañada, "es por su culpa que yo vine así” y sobre todo con una fuerte sensación de engaño, que fue una broma pesada… como si me hubieran dado la misión pero no la magnitud de lo que encontraría.

Así, que perdones iban y veían, vaciados iban y venían y mi insatisfacción y mi rabia no cesaban.

Después de tanto tratar de pretender que no me afectaba ahora me sentía muy vulnerable por el tema… Y cómo no habría de afectarme?, Eran siglos, generaciones de creencias de este tipo, un dolor ancestral indescriptible, muy profundo….

Busqué datos, bibliografía, historia familiar, qué hacián, de donde venían…algo que me diera luz sobre mi búsqueda… A la par de mi intenso deseo de desquite…. Porque las personas de color descendientes de la esclavitud, hemos crecido con ello, en un extremo u otro, pero lo tenemos, y desde el pretender hemos forjado carrera, familia, empleo, vivienda, con la fibra de la venganza allí, latiendo en lo profundo, esperando su turno….

Vivir así no es fácil, y menos si en tu entorno hay un deseo extremo de perder la identidad, las raíces, porque eso “atenúa” el dolor… Resulta que lo incrementa, porque es como los hijos adoptivos o los huérfanos que en un momento dado desean buscar su historia, así sucede…

Y en mi imaginería particular, una manera de atenuar esa incertidumbre era fantasear con la idea de que yo era una princesa, hija de unos reyes africanos y que muy pronto me encontraría con ellos, y volvería a mi palacio, en África, donde yo pertenecía …
Luego de haber vaciado mis creencias de la raza, seguía con la incertidumbre…. Porque cada día estaba recreando más esas creencias de la raza en mi vida, cada vez lo veía más, lo sentía más, lo estaba proyectando y es posible que aún lo haga….

Mi siguiente paso fue las Constelaciones familiares. Nadie imagina el dolor tan profundo que yo tenía, por lo que mencionaba al principio, cada quien se acomoda al hecho de manera de poder sobrevivir con ello, aunque en el fondo sigan sufriendo, eso para mi no era suficiente, ni siquiera contemplé la posibilidad de resignarme al hecho de ser negra y punto, no. Y entonces, allí me encontré yo, sintiendome absurda pero necesitando descubrir ese hito…

Allí estaban mis tres razas, blancos, indios y negros…

Encontrar eso, fue clave, reconocerme en esas tres razas, visualizarlas, abrió para mi un entendimiento de mi mestizaje. Los blancos, no resultaron otra cosa que personas presas de su circunstancia, tan víctimas como nadie, creyendo que tenían poder y autoridad y resultaron tan asustados como el que más. Los indios, más inteligentes y fuertes, porque estaban unidos, juntos representaban una fortaleza, pero me pareció que asumieron una postura de indefensión y debilidad con tal de sobrevivir.

Al final la raza negra, y allí me reencontré… Sentí dolor, el dolor del despojo, el dolor de la separación, el de no saberme reconocida… y me sentí como la hija perdida que volvió a su hogar. Mis ancestros mostraban una fortaleza y una dignidad, una humanidad tal que difícilmente encuentro por estos días. Allí encontré paz de saber mi origen, no es una paz definitiva pero es un nudo que se destraba y te ilustra lo que cada parte vivió o ha vivido.

Han sido muchas generaciones padeciendo esto…

En una situación de supervivencia nadie mide humanidad, el fin es estar vivo, sin importar cómo lo tenga que lograr, los blancos fue sometiendo, los indios siendo débiles o ingenuos, los negros con rebeldía…

Así no es difícil descubrir por qué el venezolano es como es, si su mayor virtud es resaltar la herencia que tiene: sobrevive, sometiendo, humillando, siendo sumiso, hipócrita, acomodaticio o rebelde… Falta saber si semejante herencia nos hace mejores, si en verdad nos sentimos orgullosos de ello (para mi existen sobradas evidencias de que no) y si estamos dispuestos a hacer la transformación.

Ahora puedo aceptar este hecho con más fluidez, porque me hice responsable de mi elección y siento que poco a poco he ido reconociendo el valor de mi raza y trascendiendo el drama que representaba, me enfoco en las cosas positivas y se que hay abundancia de ellas esperando el turno, no para la venganza, sino para ser mostradas con orgullo al mundo, ya no tengo nada de que avergonzarme porque soy inocente de lo que sucedió y me siento cada día más libre…

Cada vez más reconociendo la fortaleza de mi herencia…

Luisa Ravelo

No hay comentarios: