martes, 2 de noviembre de 2010
¿Por qué me preocupo?
¿Por qué me preocupo de lo que dirán o no dirán, sobre mi, sobre mis ideas?
¿Por qué me he de angustiar pensando en cómo hacer para agradar a los demás?
¿Por qué ocuparse de quién está o no haciendo "lo que se debe"?
Ha sido tanto el tiempo invertido en estas cuestiones que nos hemos olvidado:
De aceptarnos tal y como somos, con nuestras ideas y creencias. De allí nace el perdón y la autenticidad.
De afirmar que somos seres únicos, importantes y especiales y que es mejor honrar las diferencias en lugar de buscar vanamente convertirlas en un patrón único... He allí el gran regalo de la creación: la diversidad y la belleza genuina...
Que no hay manera de complacer las expectativas del otro. Es una pérdida de tiempo...
De que el cambio se produce en mi mismo... No es posible cambiar a los demás, de lo contrario eso es control y no hay peor rigidez y amargura que el control desmedido.
Que es mejor actuar según lo dicta nuestra conciencia sabiendo que estamos ofreciendo un servicio al prójimo, que invertir nuestra energía juzgando al que no lo hace.
Así que:
Que nuestro tiempo y energía estén dedicados a elevar nuestro espíritu, nuestro accionar y nuestro verbo en pro de lograr ser esos seres que el planeta necesita.
Es con ese enfoque, con esa intención, que lograremos inspirar a quienes nos rodean, para encaminarnos a un nuevo paradigma, a un verdadero despertar de conciencia.
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