Los seres humanos buscamos por naturaleza realizar los mejores propósitos en nuestra vida, buscamos el sentido de la existencia, queremos darle fuerza al estar aquí en este plano por algo, para algo...
Y ciertamente hay un propósito de la divinidad por el cual estamos aquí, ahora, en las condiciones que cada quien tiene...
Y en ese tránsito de la vida, realizamos cosas, tenemos cosas, familia, trabajo, estudios, posesiones, más siempre fuimos entrenados para vivir, sobrevivir, pero nunca para soñar.
Es así como se nos puede pasar la vida anhelando cosas, pero no realizándolas porque la realidad nos absorbe de tal manera, que progresivamente esos sueños se van quedando en el olvido.
Ahora bien, últimamente se nos insiste en distintas áreas que debemos lograr nuestros sueños, que si se puede, que se pueden transformar las creencias... todo apuesta por un cambio personal de tales dimensiones, que nada ni nadie imposibilitaría lograr las metas que nos tracemos.
Sin embargo, la rutina, la realidad cotidiana absorbe gran parte de ese enfoque que debemos tener para lograr nuestras metas.... Y a ello hay que sumarles los pesimistas de postín.
Qué sucede si te topas con uno de ellos? les haces caso?, les crees?, les prestas atención?
Lo más probable es que atiendas con especial atención lo que vienen a decirte y no adviertas en medio de mucha verborrea la mayoría de las veces, que hay una segunda intención en sus palabras, para hacerte desistir de tus propósitos. Puede ser que muchos de ellos crean que no es posible realizar nada más allá de lo que toca vivir, pero sería más una cuestión de creencia arraigada.
Me refiero a las personas que están a la caza de lo que haces o no para dar el zarpazo, y que, cuando te ven desistir de tu objetivo, es como si ganaran una medalla, se sienten compensados, pues.
Esto no me suena a otra cosa sino a dolor y miedo. Dolor por una parte, porque sólo quien no busca su superación observa dolido el logro de otros, por eso buscará sabotearlo.... Miedo por otra parte, porque el no atreverse, les hace sufrir, y si ellos no pueden atreverse, cómo osaría alguien más hacer algo si ellos no pueden?... Se le conoce como envidia.
Pero el tema con la envidia es muy obvio y ligero. Esto infiere algo más profundo y que merece mayor observación, porque se trata de alguien que busca sentirse compensado en su fracaso, en su dolor, en su miedo...
Nuestra labor es en primera instancia, observar cuando alguien busca matar nuestro sueño, observarnos cuando lo hacen, cómo lo permitimos, qué decimos, qué hacemos o dejamos de hacer, a cambio de qué?
En segunda instancia, yo me atrevo a ser desafiante y proponer que también debemos observar cuando somos nosotros los que matamos los sueños de otros... Es distinto, no? Qué obtengo yo de anular la posibilidad del otro, cuál es la emoción que me impulsa a hacerlo, cuál es la compensación que obtengo?
Pero sobre todo, hacerme responsable de que si, es posible que yo pueda lograr todo cuanto me proponga y más, pero también que el mismo derecho que tengo, lo tienen también otros. Hay abundancia de oportunidades para todos, pasa que seguimos en el patrón competitivo de que "sólo los mejores", por ello optamos por el tinte selectivo de las cosas que hacemos.
Ya estaría bueno de tanto competir, de tanto sobrevivir, apuesto más por creer que todos cooperásemos para que cada quien logre en la vida lo que quiere, y todos nos beneficiamos, y todos felices, o al menos en mejores condiciones de vida...
Y la invitación que me surge es a mantenerme firme en creer que puedo lograr hacer de mi vida lo más extraordinaria posible, que puedo lograr sentirme realizada e igual contemplar complacida el logro de otros... Esto es todo un reto.... Entonces invitarme a apoyar a otros a realizar su sueño sin abandonar el propio, cobra un valor especial....
Entonces, qué hacer? apoyar o matar los sueños?
Hasta la próxima reflexión
No hay comentarios:
Publicar un comentario