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martes, 3 de enero de 2012

¿Verdad que es mentira?

Si algo me han enseñado las personas este año pasado, ha sido el poder fatal de la mentira. Esa que colamos en nuestras acciones, con la excusa de buenas intenciones. “Una mentira blanca no daña”, he escuchado decir. “Hay que ser político a veces para no ofender”, otras tantas más.

Con estas excusas en mano, vamos librando batallas en nuestras relaciones, con el ánimo de preservarlas, incluso las relaciones familiares se tiñen de este disfraz, por demás acostumbrado pero odioso.

Tengo el ejemplo de familiares, con los cuales he estado distanciada casi que mi vida entera, pero a quienes apenas veo en año nuevo, navidad o los funerales.

El recurso para lidiar con ellos ha sido “la política”: “Si fulanita te pregunta le dices esto”, “si menganito te dice lo otro, tú te haces la que no sabes” y así… Una suerte de intrigas palaciegas, donde se sabe todo, pero no se dice nada.

Este tipo de situaciones para mi ha sido decepcionante porque la mayoría de las veces he visto, cómo los conflictos no se resuelven, no se le daba cara al asunto, sino que se manejaban los conflictos suponiendo que el otro diría o haría esto; especulando que tal vez pensaban esto o sentían de uno lo otro. Y yo crecí sintiendo rabia y rencor hacia ellos, por estas suposiciones. Por mentiras, porque no había certeza de que pensasen tales cosas como las describían los adultos de mi casa.

Y esto fue un aprendizaje a tal punto, que hoy, adulta yo, me vi forjando situaciones, conflictos, enfrentamientos y culpa que no eran tal, no eran verdades, eran ideas falsas de lo que yo percibía y de lo que me habían mostrado. Tanto de la familia como de cualquier persona, bajo cualquier situación.

En estos días, me topé con la esposa de uno de mis primos. Me dice: “pero cómo estás, qué te has hecho?”… que si nos extrañaba, que por qué no la visitábamos, total estábamos cerca.

Entonces allí surgieron la rabia, la decepción, el desencanto. Porque fueron muchos años manejando el dolor de creer que ella nos despreciaban…... Y pienso ahora que tal vez, de la otra parte manejaban las cosas suponiendo que nosotros esto o lo otro....

Así he pasado la vida, evitando estar en contacto con unos, despreciando a otros, enojada con los de más allá, tal vez estando muy cerca, pero con la gran distancia que produce el dolor y el resentimiento suponiendo lo que el otro pensaría, diría o sentiría, para mal.

Esas malsanas suposiciones han sido dañinas, porque han generado controversia innecesaria basada en situaciones o cosas que no existen. Dando por sentado que son verdad cuando en realidad nunca lo fueron.

El asunto con la mentira aquí es, optar por marginarse “suponiendo” que los demás pensarían esto, a lo mejor dirían lo otro, pero nada cierto, nada comprobable, nada veraz. Y lo grave de “suponer” es que cuando surge la ocasión de toparse con aquel que supuestamente te ofende, no decir lo que te afecta, seguir el juego de “la política”, porque es mejor no causar problemas, para que no digan.

Este juego de la política es dañino, no es otra cosa sino mentir con la falsa creencia de que con ello llevaremos la fiesta en paz.

Pero por qué recurrimos a la política, a la falsedad, a la mentira?.

Para que no nos rechacen, para que no sepan quiénes somos en realidad, lo que en verdad pensamos, lo que de verdad sentimos. Porque si lo hiciéramos, nos exponemos al rechaco, a la descalificación.

Creo que ha sido más terrible para nosotros vivir este tinte de infelicidad por mantener la apariencia de que todo está bien, dejando conflictos sin resolver.

Accedemos a peticiones cuando no queremos, aceptamos situaciones que no deseamos para complacer al otro, para quedar bien, sacrificamos nuestra paz y felicidad para otros otros se sientan bien, o para dejar evidencia que somos personas buenas.

Pero ello por otra parte no hace sino que uno vibre desde la rabia, el resentimiento, el dolor, la infelicidad….

Por ello creo que deberíamos evaluar si no sería preferible decirle lo que en realidad sentimos, lo que en verdad pensamos, a manejar conductas falsas para congraciarnos. De qué sirve eso?, de nada… No quiero decir con esto que nos convirtamos en unos groseros o que andemos siempre con los guantes puestos, a la defensiva, ni lastimando al otro con nuestra franqueza.

Con estos juegos manejamos las relaciones, y está torcido, es desgastante… La verdad no mata a nadie, más bien simplifica el tener que estar pretendiendo delante del otro actitudes impropias con tal de obtener su gracia, su atención y afecto.

Creo que la verdad es muy cruda y duele, pero es depurativa, es verdadera asertividad, con ella podemos fijar límites en nuestras relaciones, por Dios, que casi le concedemos nuestra libertad al otro con tal de sentirnos incluidos.

El que no te quiere, no te quiere…. El que te odia, lo hará siempre… Quien te manipula, se vale de tu debilidad y siempre lo hará….

A menos que transformes la manera como te concibes y dejes de permitirte lidiar con personas y situaciones tóxicas, pues de lo contrario estarías reafirmando tan poca valía como para no merecer el respeto y el aprecio de los demás justo y como eres.

Por haber dicho la verdad, o haber manifestado tal y cual me siento, he conseguido que personas que decían quererme mucho se alejaran, o me desprecian, y ese es un precio que a veces tenemos que pagar al buscar la honestidad, por querer manejar las cosas con la verdad. Pero he ido logrando poco a poco establecer límites y que cuando me relaciono, lo haga desde lo que realmente soy y lo que deseo, no desde la conveniencia y la apariencia.

Como esos valores son antiguos, para mi caducos, puedo desecharlos y optar un juego más limpio, más transparente en mis relaciones. Descubriendo esto he podido transformar la mala costumbre de generar situaciones y sentimientos falsos, y lo he transmitido a mi familia, pero no porque es lo que a mi me conviene, sino porque entendí que nos hacíamos daño, y que la estábamos pasando mal a costa de mentiras. Con esto nada más, estoy transformando mi vida, desde y con la verdad en mano.

Es válido invitarnos a revisar si no manejamos estas conductas, agradecer pero sobre todo transformar.

Porque merecemos una vida digna, limpia y transparente, hoy podemos transformamos en seres valiosos, inocentes y libres.

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