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jueves, 20 de junio de 2013

Del acoso escolar y nuestra perpetuación de la violencia

Hoy al llegar a la oficina, estaban mis compañeros charlando sobre asuntos escolares.
Todavía permanece intacta la cultura de los padres de inculcar a los hijos el ánimo de luchar y responder con golpes a los agravios.
No sé los demás, pero mi paso por la escuela fue bastante traumático, y no sólo por las agresiones físicas, sino por las actitudes violentas que se suscitan en la infancia y que las dejamos permear.
No se me ocurriría tener como natural esa afirmación popular que reza que “los niños son crueles”. Cómo sería tal cosa posible?, Cuando fue que nos olvidamos de cómo éramos de niños?.


Yo que siempre fui dada a la fantasía y al soñar, nunca estuve pendiente de la pelea, para mi ese universo no existía.
Pero en nuestra cultura venezolana, no se sabe cuando, pero siempre fuimos enseñados “a defendernos”, siempre ese capítulo de las amenazas en la escuela fueron una posibilidad. Y no importa si nunca tuviste ningún impasse, debías estar preparado/a y si no era para la pelea, para responder a ofensas verbales, también era válido.
Hoy estamos enfrentando con mucho ruido el acoso escolar, y no es una novedad, siempre existió, sólo que se está poniendo de relieve, como todo, el oscurantismo termina sus días en la llegada de la luz y la verdad.
Según Wikipedia “El acoso escolar (también conocido como hostigamiento escolar, matonaje escolar, matoneo escolar o por su término inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado.
Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares….” Y más adelante refiere “El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar.”
Conceptos más, conceptos menos, el caso es que en Venezuela la pauta es dejar pasar esa etapa, preferimos enseñar a los niños a enfrentarse.
Me ha escandalizado escuchar conversaciones de padres que relatan con orgullo cómo les enseñan a los hijos a defenderse, a pelear: “yo le dije que no peleara, pero tampoco se deje joder" y el peor de todos "usted va a y se defiende que yo no estoy criando h....s y si se deja pegar, luego le pego yo!!!". Es que hasta mi mamá lo hizo con mi hermano mayor!!!
Me entristecen las noticias de niños aquí y allá armados que barren a tiros medio colegio porque su resentimiento alcanza proporciones nada saludables debido a este acoso sistemático no resuelto ni por padres, ni por la sociedad, ni por los maestros. La mirada indiferente de la sociedad es la que produce estos monstruos.
De qué tendría que defenderse un niño en la escuela si no fuera de los prejuicios que los mismos adultos inculcamos. Es complejo, por eso mi pregunta, ¿cuándo nos olvidamos de los niños que fuimos? ¿En qué momento decidimos que éramos distintos?. Todos pasamos por esa etapa, es más todos asumimos ese dolor genuino en silencio, callamos cómplices y atónitos ante el vulgo popular de asumir como normales las actitudes que nos atropellan, las acciones que están incorrectas, todo lo que a la larga nos perjudicaba, fue permeado en nuestros hábitos como algo natural de la vida.
Y me parece tan contra natura, siempre me pareció…
Esto de la violencia escolar no es otra cosa sino un llamado contundente, de los atropellos a los que siempre habíamos estado sometidos. No sólo a la historia de niños agredidos físicamente. El sobrenombre, el “aplique”, la descalificación, la indiferencia, la burla, los chistes, son otras maneras con las que se ejecuta el acoso, no digo escolar, es tradición ya hecha que se extiende hasta nuestra adultez, tanto en el ámbito social como el laboral.
Es preciso y esa quiere ser mi intención, revisar en nuestro archivo emocional, cuáles de estas situaciones vivimos, cuáles vimos en otros para llevarnos la mano al pecho y poder preguntarnos: “esto que le enseño a mi hijo hoy cómo lo sentí yo?”.
Dolió?, asustó? Fue incómodo? Entonces qué ganarías adiestrando a tu hijo para vivir semejante despropósito?.
Aceptar el “bullying” o acoso escolar como una etapa “necesaria” de la infancia, es lo que produce personas traumadas, resentidas y alojadas en la idea de la confrontación.
Y usted que mundo quiere? Un mundo de guerra?: enseñe a su hijo a resolver las cosas a puños. En cambio quiere paz? Asuma su responsabilidad como padre y corte con ese hilo que nos conecta con la violencia y el enfrentamiento. Asistiendo a enfrentar pacíficamente la situación. Esa diferencia es la que hará posible el mundo mejor que tanto pedimos, pero que tanto nos ha costado elaborar.
Este mundo ya es mejor, no lo olvide, tal vez sería idóneo que quienes tengamos que mejorar seamos nosotros...

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